Un nuevo comienzo.

Destino II

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Estás a punto de salir al aire libre, de conocer tu nuevo hogar y limpiar de ti misma la mancha de tus incidentes sociales.
Eso es lo que le habían estado repitiendo las dos últimas semanas, aunque desde su punto de vista, solo estaba a punto de salir de aquella enorme mole metálica a la que llamaban Clarke.
Los carteles y pancartas que decoraban el puerto espacial Hawking incidían en la idea de crear juntos un nuevo hogar, de aprovechar aquella gran oportunidad.

Los pasajeros de la nave, separados en tres hileras estaban siendo registrados. Por una pasaban los miembros de Seguridad, científicos y cargos sociales, por otra los ciudadanos obreros, y por otra los ciudadanos que habían permanecido aislados durante el transporte.
Todos los ciudadanos tenían algún antecedente, pues la construcción de una nueva colonia en Destino formaba parte de un programa de reinserción, y en principio todos eran iguales; tenían los mismos derechos, la misma posición social -la mas baja- y las mismas posibilidades de ascender en ella, pero algunos de los miembros de Seguridad hacían una clara diferencia con el último grupo. El grupo al que pertenecía ella.
-Disculpe señorita- miró al hombre que le sonreía desde la taquilla y lo saludó con un gesto de la cabeza mientras se aproximaba a él.- nombre, apellido y numero de identificación por favor.
-Lane Mild , 3-283013-C
-Bienvenida señorita Mild – entrecerró los ojos mientras buscaba la información en la pantalla- su apartamento se encuentra en el sector Erikson, grupo de barracones iota, calle tres numero seis .
Se le asignará trabajo de jardinería en el sector comercial y peatonal. – Suspiró aliviada, al menos le había tocado un trabajo que le gustaba.- Tiene cita dentro de tres días a las nueve y media de la mañana en el centro de trabajo para recibir más información.
Tanto la dirección de su casa como la del centro de trabajo está disponible en el Dispositivo de Comunicación y Localización que le dará mi compañero -Señaló a un hombre con cara de pocos amigos. – con ese mismo dispositivo podrá comunicarse y acceder a su linea de crédito.
Disfrute de su nuevo hogar.
-Gracias.
Avanzó hacia el hombre que le dio el DCL, el cual le deseó un buen día con desgana. Antes de que ella pudiese responder, el hombre se volvió hacia el siguiente en la cola.
Al salir del espaciopuerto, le sorprendió el color naranja del cielo, que tenía una gran estrella brillando en su centro con luz clara e intensa como en un día soleado en la tierra.
Bajó la mirada hasta encontrarse con un enorme prado cubierto de vegetación azulada y a lo lejos una gran montaña; habían zonas más verdosas o purpureas, pero el “verde” característico de la tierra era azul en Destino.
A pesar de que había visto fotos anteriormente, el lugar le pareció extraño y desconcertante.

-Señorita, suba al autobús por favor, en breves momentos nos dirigiremos hacia su hogar. – El conductor hizo un ademan apremiante en dirección al vehículo con una exagerada sonrisa radiante.- Gracias.-
Tomó asiento, se puso los auriculares y apartó de su mente los recuerdos de su tío, pues no quería desmoronarse en publico.
Diez minutos después, el vehículo arrancó y el guía comenzó a hablar por megafonía.
-Buenos días y bienvenidos a Destino, ahora nos dirigiremos hacia vuestros futuros hogares.
Lane dejó que parte de la información, principalmente de geografía básica, entrase en su mente mientras ella observaba absorta las azules llanuras que enmarcaban la carretera como un mar de vegetación salpicado esporadicamente por algún árbol de un azul mas oscuro, o algún arbusto liláceo.
Después de media hora de murmullos y exclamaciones ante las vistas, el guía retomó el protagonismo.
-A la izquierda podéis ver lo que será el centro de la ciudad de Thule.- Entre las grúas y el polvo se podían ver un grupo de edificios bajos rodeando una gran estructura piramidal, pero la distancia impedía apreciar los detalles.- Vuestro trabajo será ayudar en el avance de la ciudad. Durante los siguientes tres años, deberéis terminar el centro de la ciudad y construir los dos barrios adyacentes. Pasado este tiempo llegarán los primeros ciudadanos y trabajadores libres, así como empresas de servicios y ocio a cuyas plantillas podréis uniros si tenéis un buen historial, adquiriendo la ciudadanía completa. Lo único que tenéis que hacer es seguir comportándoos como habéis hecho durante el viaje.
Llegados a ese punto comenzará la construcción de los barios exteriores, donde posteriormente podréis adquirir un apartamento y dejar los centros de reinserción.- Comentarios emocionados y nerviosos recorrieron el vehículo obligando al guía a alzar la voz.- Se que parece mucho tiempo, pero antes de que os deis cuenta habrá pasado.
La ciudad quedó atrás y cuarenta minutos después se hicieron visibles una gran agrupación de barracones colocados en cuadriculas formando calles frente a la enorme montaña que había visto desde el espaciopuerto.
Lane sacó el DCL, y buscó su dirección en el aparato. En la pantalla del dispositivo, similar a un móvil aunque algo mas aparatoso apareció un mapa GPS. Los nombres no eran muy originales, al fin y al cabo esas estructuras eran temporales, pero gracias a ello pudo orientarse.
Su “hogar” consistía en un barracón con una cama, una mesa, tres sillas y un armario, todo ello plegable y construido con el mismo polímero que las paredes.
No era gran cosa pero al menos tenía un espacio para ella.
Tras introducir sus datos y registrarse para tener acceso a su linea de crédito el sueño la venció

El timbre la despertó y fue a recibir su equipaje, pero en su lugar la observaban cuatro hombres, uno de ellos con uniforme de Seguridad. El más cercano la saludó.
-Hola, ¿eres Lane? – Tenía un fuerte acento suramericano.
-Si.
-Soy Gustavo, eramos amigos de tu tío.
Lane observó a Gustavo unos instantes mientras él se rascaba el estrecho bigote que ocupaba el centro de su cara. Era regordete y llevaba el cabello recogido en una escasa coleta, luego miró al guardia con recelo.
-Él es Augusto, uno de los miembros de Seguridad afines a Mild y Jamyl.
El tipo de aspecto nervioso la saludó y se volvió hacia atrás como si esperase ver algo perturbador, tenía los ojos algo hundidos y a pesar de su aparente escualidez tenia brazos fibrosos. -Este de aquí es Peter- Siguió Gustavo pasándole un brazo por los hombros con camaradería a un hombre que no destacaba en lo mas mínimo.- y esa de ahí es Andra.- Si no hubiese mencionado que era una una mujer, Lane hubiese pensado por su altura, postura corporal y cabello corto, que se trataba de un atlético joven. Se mantenía un tanto alejada y tenía la vista perdida en el horizonte.- Venimos a presentarte nuestras condolencias.
-Gracias… pasad por favor.
El pequeño barracón se veía atestado con los cinco dentro, Lane, Gustavo y Peter se sentaron en las sillas plegables alrededor de la pequeña mesa mientras que Augusto y Andra permanecieron de pie.
-En cuanto nos enteramos de lo que pasó- Comenzó Gustavo- con Adrian, quiero decir, intentamos defenderlo pero fue inútil, lo juzgaron a puerta cerrada y aunque algunos de los presentes en la cabina de mando eran defensores de tu tío, poco pudieron hacer para frenar a Satch y sus sabandijas…
Andra fue la más rápida, consiguió entrar en la habitación y guardar material, digamos peligroso, para los camaradas de Mild. Aunque casi le cuesta una amonestación cuando la pillaron en su cuarto. – Se rió sonoramente.
-Entre mis cosas tengo escondidos algunos de los libros favoritos, notas, y otros bártulos de tu tío, te los traeré en cuanto llegue el equipaje desde el Clarke.
Se miraron un instante y algo en ella fascinó a Lane. Si bien era cierto que sus casi dos metros de altura y su físico intimidaban, y que el pelo rubio muy corto por los laterales y más largo por el centro reforzaban ese aspecto agresivo, su mirada era distante y reflexiva, y el verde de sus ojos sumado a los carnosos labios le concedían un singular belleza; cosa que no podía decirse de sus compañeros. Andra sacudió la cabeza apartándose el flequillo del ojo derecho y dirigió la vista hacia un rincón.
-¿Como conseguiste evitar la sanción?
-Cuando entraron ya había guardado en mi mochila todo lo que te traeré, así que no me vieron coger nada. Eran tres y me apuntaron con un arma paralizante y dos de fuego real.
Por suerte se tragaron que, al escuchar lo de su detención, fui a ver si era cierto en persona.
Parecían ocupados así que me echaron y me dijeron que si volvía a acercarme me encerrarían.
-Si hubiese sido Sach hubieses corrido la misma suerte que Adrian… – Apuntó Augusto sombríamente.
El ambiente se volvió pesado y se hizo patente que Andra y Augusto ya habían tenido sus diferencias antes.
-Chicos… estamos de invitados. – Gustavo miró hacía el techo con exasperación exagerada consiguiendo que Lane sonriese.
-Voy a mi barracón a esperar el equipaje, te veo luego Lane.
Justo después de la despedida de Andra, Augusto se dirigió hacia la puerta.
-Yo también debería marcharme, seguramente me estarán esperando. Un placer haberte conocido.
-¿Que les pasa a esos dos?
Peter frunció el ceño y suspiró con pesar, pero una vez más fue Gustavo el que habló.
-A pesar de su tardía incorporación, Andra era de los miembros de la resistencia que organizó tu tío, una de las más implicadas. Los que la conocemos le decíamos que parecía casada con esos ideales de libertad e igualdad. No se convirtió en alguien cercano a Mild porque no le dio tiempo, pero con sus habilidades seguro se hubiese convertido en parte clave del plan…
-¿Porque lo dices?
-Sirvió en el ejercito y tiene muchos conocimientos útiles, pero esa es otra historia.
El caso es que Augusto estaba presente durante la votación sobre la condena de Mild. Obviamente se opuso a la sentencia de muerte, como dos de sus compañeros, pero las mentiras de Satch habían convencido a la mayoría y fue inútil.
Desde que Andra se enteró, su relación con él, Jason, y Mijaíl; los tres presentes, se resintió.
No es la única que les culpa, aunque en el fondo sabe que no tuvieron opción.
Bueno jovencita, ha sido un placer visitarte pero nuestro barracón también nos espera.
-Muchas gracias por la visita.
-Ha sido un placer. ¡Hasta pronto!

Lane se quedó observando el paisaje desde la puerta tras perder a Gustavo y Peter de vista entre las calles. Eso era lo primero que veía, barracones. Pero por encima de estos se dejaba ver una enorme montaña con altas paredes de piedra manchadas de liquen amarillento y cuya cima estaba coronada por arboles azules.
Rodeando el asentamiento se extendían llanuras enormes y al oeste la ciudad se veía diminuta en la lejanía.

Sobre la modesta mesita junto a la cama descansaba una guía informativo que, presa de el aburrimiento decidió leer.
¡Bienvenido a Destino!
Esperamos que estés muy cómodo y bla bla bla… Lane pasó las primeras páginas de relleno y buscó algún apartado más interesante.
Te encuentras en las llanuras Erikson; la sonda Eriksson 19 fue la primera en aterrizar con éxito sobre tierra Destiniana a dos kilómetros de aquí.
>Leif Erikson fue el primer europeo en llegar a América, de ahí el nombre
de la sonda y el sector.
Al este dentro de tu mismo sector tienes los campos de cereales importados desde la tierra Por el momento solo trigo, tef, y soja. Y al suroeste se alza el monte de Tea.
También hay granjas en las proximidades, pero el único lugar donde las granjas ya están activas es en el sector Vasíliev al sur.
Situando como centro del mapa habitable tenemos la ciudad de Thule donde podrás vivir en unos años, el altiplano de Ibsen queda al norte, ahí se encuentra el Espaciopuerto Hawking, con tres pistas de aterrizaje y…

-Los transportes de equipaje han llegado – Anunció el sistema de megafonía salvándola de un ataque de aburrimiento. – el punto de recogida será el mismo en el que bajaron del autobús a su llegada.
Quince minutos después se colocaba en la fila de la calle tres.
La hilera avanzaba perezosamente mientras el sol empezaba a ocultarse, dándole al cielo una tonalidad entre rosada y purpura, destacando por el este una de las dos lunas de Destino. Se veía mucho mayor que la de la tierra por lo que debía ser Maat, mientras que Iah no estaba a la vista.
-Buenas tardes señorita. – La saludo la encargada de personal de su fila.
-Buenas tardes.
-¿Numeró de identificación?
– 3-283013-C
-A ver – Revisó una lista en su PDA.- aquí está, Lane Mild. Pregunte por el numero 346.
-Muchas gracias.
El encargado de de reparto le dio su mochila, sus tres maletas y una caja con provisiones con las que tuvo que cargar camino a su barracón.
Lo primero que vio al abrir las maletas fue el paquete que le había enviado su tío. Dentro descansaba un reloj que llevaba varias generaciones en su familia. Era el legado que le había dejado el que para ella había sido su padre, antes de que muriese dos semanas atrás.
A duras penas logró contener las lagrimas, y se puso a ordenar para disipar la tristeza que le nublaba la mente. Colocó sus escasos libros sobre las estanterías desplegables junto a la ventana y comenzó a meter su ropa en el armario, una diminuta sala anexa al baño con estantes y colgador, cuando picaron a la puerta.
-Andra, no te esperaba tan pronto. Pasa.
-No tengo demasiado equipaje, solo lo imprescindible, así que en cuanto acabé de ordenar pensé en traerte esto. -Depositó una mochila cargada sobre la mesa. – Es lo que logré rescatar de la habitación de Adrian.
Casi todo eran libros en papel y manuscritos escritos por él mismo, pero entre sus pertenencias había también un libro electrónico de última generación, una maquinilla de afeitar clásica y un paquete de té negro con jengibre.
-No pude rescatar su ordenador, hubiese llamado demasiado la atención… y bueno, la planta seguramente se hubiese muerto bajo mis cuidados.
-Muchísimas gracias, aunque reconozco que una planta hubiese estado muy bien para dar vida a este cubículo. – Andra sonrió y asintió. – Es lo mejor que nadie ha hecho por mi desde que me regaló esto…
Acarició la esfera del reloj y pasó la vista por los libros. Una lágrima corrió por su mejilla abriéndole la puerta a otras más tímidas. Andra apoyo una mano sobre su hombro y Lane se ocultó en su pecho sollozando convulsamente.
-Era mi única familia…. Él era un padre para mi y ese cerdo de Satch me lo quitó…
-Lo siento.
-¡Teníamos que ser una familia feliz! ¡Una maldita familia!
-Quizás no seamos una familia, pero no estarás sola aquí, los chicos y yo estaremos a tu lado, y créeme, haré lo que esté en mi mano para que este lugar sea un hogar para nosotras si me das permiso.
-Gracias, muchas gracias y claro que lo tienes. Yo también quiero esforzarme para que esto se sienta como un hogar para todos. No teníais ningún motivo para venir a verme pero aquí estabais incluso antes de pasar por vuestras casas.
Se sentaron en la mesa y mientras Lane organizaba las pertenencias de Adrian mecánicamente sobre ésta, charlaron acerca de como habían llegado hasta aquel lugar.
Lane, con solo catorce años había cometido un acto vandálico considerado atentado menor contra una empresa de ingeniería genética que “depuraba” animales salvajes hasta convertirlos en variedades domesticas por vías poco éticas.
Gracias a su buen comportamiento en el centro de rehabilitación y a que su único familiar con vida embarcaría en el A. C. Clarke se le concedió un visado a ella también.
A pesar de que su caso había tenido cierta resonancia mediática Andra no parecía tener conocimiento de ello.
Por su parte ella había servido en el ejercito y pisó el campo de batalla con apenas diecisiete años.
En una de las misiones, su escuadrón fue enviado en misión suicida para acabar con una supuesta unidad rebelde, pero durante el ataque al edificio objetivo, se percataron de que había personas inocentes en el interior. Horrorizados, no pudieron prevenir el ataque enemigo, que sus superiores ya sabían mucho más numerosos que ellos. Andra y uno de sus compañeros al que logró rescatar fueron los únicos supervivientes, cosa que contrarió a sus superiores, pues no les interesaba que se supiese lo sucedido en el lugar.
Tras denunciar los hechos, que no llegaron a juicio alguno, fue expulsada del ejercito y encerrada temporalmente por traición y difamación, convirtiéndose en una heroína de guerra para unos y una paria para otros.
Aceptó de inmediato el viaje a destino para dejar atrás una sociedad que le dio la espalda.
Lane si conocía la historia, pues había generado mucha polémica el año anterior al embarque en el Clarke. Ahora la miraba con renovada admiración y una fuerte simpatía por sus acciones pasadas.
La noche había caído ya sobre los barracones así que se marcharon hacía la plaza central del complejo Iota donde se celebraba una barbacoa.
Alrededor de la oficina de personal habían varias parrillas encendidas y los focos iluminaban bien la zona donde la gente comía, charlaba y bailaba.
-¡Buenos días! -Las saludo Gustavo con un abrazo.
-Noches.
-¡Que mas dará Lane, esto es la fiesta de bienvenida a Destino!
Peter les saludó con un gesto desde su asiento.
-¿Ya vas borracho? Anda que esperas…
-Haber venido antes señorita Koakanis.
-Es Kokinos zopenco.
-Dicen que mañana ya nos instalarán las cocinas en los barracones, pero por mi podría ser siempre así jajaja.
-¿Y Augusto?
-Él está en los barracones de los oficiales, al oeste de la ciudad.
La noche avanzó rápida entre bromas y nuevos conocidos.
Le presentaron a Urtzi Vidal, un joven guapete algo arrogante, a Susan Staiend, una señora de una cierta edad muy simpatica y a Miriam De Luca por la que casi todos los hombres babeaban siguiendo sus pasos, entre otros que no llegaba a recordar con claridad. Pero quien le llamó más la atención fue Hug Davies quien la había ido a buscar cuando aun estaba lucida.
-¿La señorita Mild verdad? -La había saludado. – Soy Hug Davies, encargado de personal designado al sector Erikson Iota, y contacto directo con Marcus Schultz. Él es el responsable de que Adrian, Jamyl y tu estuvieseis situados en el mismo sector y con otros compañeros. Siento mucho tu perdida.
-Gracias
-Espero poder facilitarte cualquier inconveniente que tengas, y no dudes en pedirme una audiencia con Marcus si necesitases “contactos” fuera de tu sector. Estará encantado de conocerte y ayudarte, siendo cercano a tu tío como fue.
Tras una breve charla, Hug volvió a sus obligaciones como coordinador y Andra no tardó en retirarse. A partir de ahí poco recordaba de la fiesta a parte de la descontrolada risa de Augusto coreada por Peter.

El punzante dolor de cabeza la despertó y la invadió una densa sensación de mareo, como si su cerebro se hubiese convertido en grumosa papilla.
Le pareció que la distribución del barracón era ligeramente diferente a como la recordaba y notaba algo cálido a su espalda. ¿Como y cuando había vuelto? Se giró para enterrarse de nuevo entre las sabanas.
<<¡Mierda joder! ¿Que coño he hecho?>>
A su lado, tan pálido como debía estar ella, dormía Urtzi. Algunas imágenes borrosas le acudieron a la mente; los dos riendo en la barbacoa junto a Augusto y Peter, caminando por una calle de barracones y… no daba crédito, desnuda sobre él.
<>
El escalofrío que la sacudió le dio fuerzas para levantarse, y marcharse no sin antes vomitar y asearse en la pica, pues los barracones no disponían de ducha.Esa misma mañana debería ir a las duchas públicas a las afueras del conjunto de barracones.
Al llegar a su “casa” rebuscó entre las provisiones y se preparo un austero bocadillo antes de dirigirse a las duchas.
En el extremo de Iota más cercano a la cima de Tea había un tanque de agua conectado a un río subterráneo, y a adosados a esté de forma opuesta estaban las duchas y baños de hombres y mujeres.
Eran edificios circulares, la mayor parte de los cuales estaba ocupada por los cambiadores. Allí estaban Andra y Miriam.
Si bien era cierto que Miriam era guapa y tenía buen cuerpo, no entendía porque causaba tanto revuelo, o porque nadie parecía fijarse en Andra. Si, era alta, y tenía el cuerpo bien trabajado, pero no era un amasijo de músculos, tenia curvas muy femeninas, una piel bonita, aunque con cicatrices y su cara…
-¿Que pasa, nunca habías visto a una mujer desnuda? – Le dijo su amiga mirándola por encima del hombro.
– Bueno…No a una tan fuerte. – Se rió nerviosa y algo avergonzada por su indiscreción pero Andra no pareció notarlo, y desvió la mirada con un ligero mohín antes de responder.
-Me lo dicen a menudo… – Parecía molesta, seguramente se habían metido con ella por su aspecto, al fin y al cabo la propia Lane la había tomado por un hombre la primera vez que la había visto de lejos.
-A mi me pareces atractiva, no pretendía ofender.
-Tu tampoco estás mal. – Se giró ya vestida con una sonrisa socarrona y avanzó hacia Lane. – Mañana es el gran día, ya me dirás a donde te mandan.
-Lo mismo digo. Hasta pronto.
Se metió en la primera ducha vacía que vio despidiéndose con la mano y se tomó su tiempo para relajarse. Había tenido poco tacto pero al menos había conseguido redirigirlo. No le gustaría tener problemas con sus únicas amistades, y menos al segundo día convivir.

El gran día.
Mientras el agua recorría su cuerpo relajantemente su mente se tensaba solo con pensar en lo que venía. ¿Que clase de trabajo le esperaba como jardinera? ¿Y sus compañeros?
Aun estaba afectada con su perdida y temía perder un trabajo que le gustaba y tener que ponerse a llevar materiales de un lado para otro como la mayoría.

Junto a la puerta de su casa aguardaba una caja que, como esperaba, era su cocina de inducción. Tras encajarla en su correspondiente espacio y conectar dos cables ya era totalmente funcional, lo que le concedió una cierta sensación de independencia. El resto del día decidió pasear, conocer un poco la organización de los barracones, y después de cenar en el bar situado al centro, volvió a su barracón.

La alarma la despertó a las nueve menos cuarto. Tenía tres cuartos de hora antes de acudir al centro de gestión de personal, que invirtió en desayunar, ordenar las cosas de su tío y conocer un poco las opciones del DCL. Una vez en el edificio, el mismo en el que se había celebrado la barbacoa, se sentó en un banco contemplando la cima de Tea. Al poco tiempo Hug Davies la atendió.
Su trabajo consistiría en plantar, cuidar y recortar arboles y plantas diversos. Al tener estudios relacionados con la jardinería, se le asignarían cinco personas bajo su guía, con menos conocimientos que ella, sin embargo esto no le eximiría de ensuciarse las manos. Ademas, cada semana debería realizar un informe de progresos de su equipo y presentarlo ante su encargado.
El trabajo estaba bien pero no podía decir lo mismo de los horarios. Tendría una jornada de siete horas de las veinte que duraban los días Destinianos y trabajaría de Lunes a Domingo descansando el Uranes. Un horario algo abusivo a su parecer.
Uranes era un día excedente que se daba cada dos semanas, por lo que una semana tenía siete días, mientras que la siguiente ocho, y vuelta a comenzar.
-Una cosa más.- La detuvo Hug antes de que saliese. -Si se te da bien esto intentaré conseguirte un aumento, eso ademas de un mayor sueldo te daría algún otro día de fiesta.

Bueno, algo era algo. Y no le iría nada mal un aumento… con quinientos créditos mensuales le daba para poco, muy poco si quería poder alquilar un transporte, pues la estancia en los barracones (con todos los gastos incluidos) ya costaba trescientos créditos, y además, a partir de su incorporación al trabajo deberían acudir a la ciudad para comprar comida producida en Destino y “contribuir al crecimiento de la colonia”.
Esa noche volvió a quedar con el grupo; estuvieron charlando sobre sus trabajos, Augusto y Peter se dedicarían a la construcción, Urtzi transportaría materiales desde el espaciopuerto, si se trataba de material traído en el Clarke, o desde las fabricas locales hasta Thule, Susan trabajaría de secretaria redactando informes y procesando los que le entregasen los trabajadores para mantener la base de progreso de la ciudad actualizada. La única que aun no tenía trabajo era Andra. Según le había comentado Hug, su historial militar había despertado el interés de varios miembros de la Policía Estatal Destiniana, por lo que enviarían a alguien a la mañana siguiente.
Con sus nuevas perspectivas de trabajo, los primeros destinianos empezaban a prepararse para sus nuevas vidas. Para un nuevo comienzo.

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